El cerebro no funciona sin el plexo solar

El símbolo de los dos triángulos es extremadamente vasto, y se puede encontrar en él el resumen de toda la ciencia de la vida. Consideremos solamente la cuestión del plexo solar y del cerebro.

La Inteligencia cósmica los ha construido de forma idéntica: la materia gris y la materia blanca, pero invertidas, puesto que en el cerebro la materia gris está en la parte externa y la materia blanca en la parte interna, e inversamente en el plexo solar. Esta oposición también aparece en sus manifestaciones: el plexo solar permanece invisible, escondido, diríase que no hace nada, mientras que el cerebro habla, se hace notar, brilla.

El rol del plexo solar es dar

Pero para que el cerebro se manifieste de forma tan brillante por todas partes, razonando, explicando, gobernando, hay algo que se sacrifica, que se gasta, y que le envía ayuda, sin la cual dejaría de funcionar. Y precisamente el plexo solar es el que lo alimenta, el que lo sostiene.

El plexo solar, que da, corresponde pues al triángulo de involución, y el cerebro, que recibe, al de la evolución. El plexo solar tiene una función más espiritual que el cerebro puesto que es él el que se sacrifica para que el cerebro pueda funcionar, y no solamente el cerebro sino todos los demás órganos.

Como niños, los humanos sólo saben tomar

Sabiendo esto se debe hacer todo lo posible para favorecer el funcionamiento del plexo solar a fin de que pueda cumplir su tarea.

El ser humano no puede cristalizarse en una actitud, he ahí el punto esencial en el que es preciso detenerse. Una vez se llena el vaso, luego se vacía; eso es verdad en la vida de cada individuo, el cual, después de haber sido un niño que no hace otra cosa que tomar, se vuelve adulto y aprende a dar.

Pero como adultos, también necesitan aprender a dar

Y también es verdad a escala humana: durante todo un período la humanidad se encontraba en un estadio infantil en el que no hacía otra cosa que tomar egoístamente, lo cual no ha cesado de producir guerras y devastaciones. Y ahora la humanidad debe aprender a dar.

He aquí por qué les digo que las religiones que empujan al ser humano a buscar la bienaventuranza eterna y a salvar su alma, están ahora superadas. Hay que dar a toda la tierra algo para embellecerla a fin de que vibre en armonía con el Cielo.

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, vol. 26, Acuario: Llegada de la Edad de Oro, I

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