El Paraiso: Reconstruir nuestro cuerpo espiritual (Parte 2/3)

Todas las religiones tienen esta tradición de la Caída humana

Esta historia de Adán y Eva se repite en cada hombre y en cada mujer que cortan el vínculo con Dios. El secreto de la verdadera vida está en la unión con Dios, es lo que sostiene el edificio. Los principios positivo y negativo que están dentro nuestro deben estar consagrados a la Causa divina para llegar a ser verdaderamente constructivos.

La Iniciación no tiene otro objetivo que el de dar al hombre las posibilidades de restablecer su cuerpo espiritual, gracias al cual retornará a esa tierra etérica que se ha llamado el Paraíso. Es pues una cuestión muy importante. Si se preguntan «¿Pero por qué hay que estudiar, hacer esfuerzos, sacrificios? No es necesario, se puede vivir sobre la tierra sin eso.» Desde luego, siempre se puede vivir sobre la tierra de cualquier modo, pero ¿sobre qué tierra? Esto es lo importante. Para regresar a la tie‏rra etérica de la que fuimos expulsados, debemos restablecer nuestro cuerpo espiritual.

Cuando el ser humano vivía en su cuerpo espiritual, la naturaleza le obedecía, los animales se le acerca‏ban sin temor y no le hacían ningún daño. Todas las criaturas lo respetaban debido a la luz que emanaba de él, de su rostro, de todo su cuerpo. Pero cuando perdió esa luz, perdió también su poder sobre la naturaleza. Todas las religiones, incluso las más primitivas, conservan esta tradición de la caída del hom‏bre, y luego de su rehabilitación, de su retorno al seno de Dios.

Cuando la mayoría de los seres humanos sean concientes de estas verdades, el mal será barrido

Se necesitará un po‏co más de tiempo, serán necesarios mayores esfuerzos, pero habrá de todos modos resultados tangibles y reales. Las difi‏cultades continuarán hasta que la tierra sea barrida, despejada, purificada, gracias al número cada vez mayor de hijos de Dios que tomen conciencia de estas verdades y pongan un ideal di‏vino en su alma, en su corazón, para realizar la voluntad de su Padre Celestial. Estos hijos de Dios liberarán tales fuerzas, que el mal, esos venenos que flotan en la atmósfera y que han im‏pregnado las aguas, las montañas, las rocas, la tierra entera, se‏rá absorbido cada vez más por el centro de la tierra.

Cuando la tierra pertenezca a una mayoría de hijos de Dios, todo habrá cambiado. Cada vez que alguien desee hacer el mal, encontrará tal oposición que no lo conseguirá. Será como quien quiere efectuar una explosión con pólvora húmeda: no lo logra debido al agua que contiene. Quien quiera hacer el mal no encontrará las condiciones para su realización. Por el contrario, el que quiera actuar divinamente lo conseguirá al instante.

(Concluirá…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, vol. 32, Los Frutos del Arbol de la Vida: La Tradición Cabalística
Cap. 6 La Caída del hombre y su Renacimiento

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