El Reino de Dios: Confiar en la filosofía de los Iniciados (Parte 4/4, Final)

Tengo una confianza absoluta en la filosofía de los Iniciados, mis queridos hermanos y hermanas, sí, absoluta, porque una vez estudiada, revisada y comparada con todo lo que existe, es la única que queda en pie, la única; todas las demás están por los suelos.

Vean, ¡es tan fácil entenderlo! Supriman el centro en el ser humano, es decir su espíritu, su alma, y se convierte en un cadáver, todo su cuerpo se disgrega, porque su centro ya no está. Por lo tanto hay que encontrar este átomo que está ahí, en nosotros, que está vivo, que vibra, y hace converger todo lo demás hacia sí, porque sólo él es capaz de mantener el orden.

Manteniendo nuestro Centro en su lugar

Miren la siguiente frase que algunas veces dice la gente: «He perdido la cabeza.» Sí, pierden la cabeza y ya no se pueden dominar, no saben lo que dicen ni lo que hacen. Todo se desarrolla más allá de su control y hacen tonterías que enseguida se ven obligados a reparar.

Naturalmente, aquí la cabeza no es más que un símbolo; también podría ser el corazón: «¡He perdido el corazón!», porque el corazón a su vez es el centro. Pero el hablar de la cabeza o del corazón no importa. En realidad lo que se ha perdido en estos casos, es el centro divino, y entonces nos encontramos con el desorden que se propaga, la huida en todos los sentidos.

Nuestra salud tiene menos que ver con los microbios o las estrellas, que con nuestro espíritu

Todas las células saben que la cabeza, el jefe ya no está ahí, y que es el momento de hacer lo que les plazca: se vuelven como enemigos y les amenazan. Antes eran obedientes, amables, todas las células del corazón, de los pulmones, de los brazos, de las piernas estaban al servicio de ustedes, pero ahora quieren hacerles morir.

Están en cama y dicen: «Ah, ah, está muy bien. Ahora lo comprendes, ¿no es así?» Y se divierten. Pero hagan que vuelva el centro, el espíritu, y enseguida vuelven al trabajo armónicamente. Lo que la humanidad tiene que comprender, no son ni los microbios, ni las estrellas, sino la manera de mantener siempre el espíritu en el centro de todas las actividades.

Es a través del espíritu que alcanzamos un equilibrio perfecto

Entonces, vean, mis queridos hermanos y hermanas, que se enriquecen de golpe. Hoy se han enriquecido, y si confían en mí de ahora en adelante, sabrán sobreponerse cada vez más a las dificultades recurriendo sin cesar a este poder que duerme en ustedes. Pero esto se olvida, se buscan siempre soluciones en lo externo y se produce un desequilibrio. Para tener equilibrio, si ponen un peso en un lado, también tienen que poner en el otro.

Cuántas veces en los parques, en los quioscos, han visto niños que se divierten con los columpios: suben y bajan… Sí, incluso en los circos se muestran animales que se columpian. Todo el mundo se divierte y aplaude, pero nunca se ha comprendido que es la vida la que está ahí representada, el equilibrio sin el cual no es posible la vida. Por lo tanto no hay que basarse exclusivamente en los medios externos sino llamar al espíritu dentro de ustedes mismos para realizar este equilibrio perfecto.

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Sévres, 21 de Enero de 1968

Obras Completas, vol. 26. Acuario: Llegada de la Edad de Oro, I.
Cap. 5, El Reino de Dios y su Justicia

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