El Reino de Dios y la única ciencia que vale la pena estudiar (Parte 3/4)

Por todo esto, siempre he dicho que la única ciencia en la que se debe estudiar y profundizar es la ciencia del ser humano. Sí, ésta debe estar en el centro, y todas las demás: la física, la química, la mecánica, la astronomía, la biología… deben servir a aquella ciencia, que ha sido abandonada a su suerte.

Ustedes dirán: «Sí, pero la anatomía, la fisiología, ¿no sirven para nada?» Naturalmente, son bases necesarias, pero aún no es el ser humano, es su esqueleto. Si estudian el automóvil y lo confunden con el que lo conduce, cometen un grave error.

Los seres humanos contienen todas las ciencias en sí mismos

Entonces, vean precisamente lo que los humanos han llegado a hacer: Les presentan el automóvil como si fuese el propietario. Pues no, el propietario no está ahí, hay que irle a buscar. En estas deplorables condiciones, el ser humano no puede manifestarse, no puede expandirse.

De ahora en adelante hay que cambiarlo todo y tomar al ser humano como centro de todos los estudios – el ser humano con la Divinidad que está dentro de él – y que todas las demás ciencias contribuyan a este estudio y que no sean consideradas ya independientemente. Porque, en realidad, el ser humano es una síntesis de todo lo que existe y todas las ciencias se encuentran en él.

Por años he buscado el punto central

Cuando se produzca este cambio de punto de vista en la cabeza de los pensadores, el mundo entero se transformará. Porque ya no se pondrá en primer lugar lo que está fuera del ser humano, muerto, congelado, sino la vida, el lado vivo. E incluso les diré que cuando venga el Reino de Dios, los poetas desaparecerán, debido a que los humanos vivirán en una poesía y en una admiración tan grandes, que no tendrán tiempo de leer poesías. Sí, los poetas no tendrán nada que escribir porque todos vivirán en la verdadera poesía.

Entonces, mis queridos hermanos y hermanas, ¡todavía hay tantas cosas que decirles! Pero insisto en esta forma de ver que lo restablecerá todo. He estudiado durante años y años, he buscado cuál es el punto que hay que tocar para que todo se arregle, y este punto, es el propio ser humano.

Una vez los seres humanos sepan esto, todo cambiará, lo que importa y lo que no

Hay que iluminarle, es preciso que se conozca, y cuando se conozca, en todas partes, en todas las disciplinas: medicina, pedagogía, economía, religión, política, se verá obligado a cambiar de actitud, de comportamiento y de trabajo.

Nos veremos obligados, sí, porque el centro habrá cambiado. Y cuando este centro haya vuelto a encontrar su verdadero lugar, cuando el mundo entero empiece a conocerse y a comprender lo que es importante y lo que no lo es, todo lo demás gravitará alrededor de este centro divino interno, y los demás problemas se resolverán fácilmente.

El secreto del orden, la salud y la felicidad

Por eso insisto siempre en el centro divino del ser humano, porque todas las células, todas las partículas en él, están organizadas en relación a este centro alrededor del cual deben gravitar. Este es el secreto: volver a llamar a todos estos elementos dispares que se van en todas direcciones y hacerlos girar como los planetas alrededor del sol.

En este momento, sí, pueden hablar de orden, de salud, de felicidad… en este momento, sí, pueden hablar del Reino de Dios: porque hay un centro, hay un sol, un núcleo alrededor del cual todos los elementos restantes encuentran su lugar, el trayecto a seguir, y dejan de chocar.

(Concluirá…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, vol. 26. Acuario: Llegada de la Edad de Oro, I.
Cap. 5, El Reino de Dios y su Justicia

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