Tradiciones de Oriente y Occidente

Tradiciones de Oriente y Occidente2016-11-17T15:11:18+01:00

Anguiras Vyasa

Todas las religiones tienen su forma particular de yoga. Los cristianos siempre han practicado la adoración, la oración, el amor y la veneración por el Creador. En la India esto se conoce como Bhakti yoga: el yoga de la devoción, adoración y amor espiritual. Esta forma particular de yoga es adecuada para ciertos temperamentos, pero no para otros. Algunas personas tienen dones y cualidades que piden otros modos de expresión. Los caminos que llevan al Creador son innumerables.

El objetivo de toda disciplina espiritual, es que el discípulo finalmente reconozca que es Dios mismo en su interior; este es el significado de la frase en Jnana Yoga: “Soy Él”.

En Grecia se le llamaba ambrosia, en India, soma, y los alquimistas le llaman el elíxir de la vida eterna. Todas las culturas hacen mención de la existencia de una bebida de la inmortalidad, y explican cómo prepararlo. En realidad esta bebida existe en la naturaleza, pero no en todas partes, por supuesto. Sólo se le encuentra en las regiones más sutiles y puras, y sólo en momentos específicos, como el amanecer. El amanecer es la mejor hora del día para beber esta ambrosía, que el sol distribuye para todo el universo, y sus partículas son recibidas por todas las criaturas vivientes, las rocas, plantas, animales y seres humanos. La luz es la verdadera bebida de la inmortalidad, y ustedes pueden tomar esta luz del amanecer, y usarla para alimentar sus cuerpos sutiles.

Los iniciados de India han resumido el trabajo de la identificación del ser humano con la Divinidad, con la fórmula “Soy Él”. Esto significa que sólo Él, el Señor, existe: Yo, no existo, o sólo existo como su reflejo o su sombra. Hasta que los seres humanos conozcan su verdadera realidad, se identificarán con su cuerpo físico, con sus pensamientos y sentimientos, sin saber que ellos no son la verdadera realidad. Es esta ignorancia que les mantiene en la debilidad y la enfermedad. Sólo Dios existe, y nosotros somos una proyección de Él. Así, cuando decimos “Soy Él”, nos vinculamos a Él, nos acercamos a Él, hasta que un día nos volvemos como Él. Por miles de años, la historia ha ignorado el testimonio de aquellos seres que tuvieron éxito en identificarse con el Señor, y que han recibido luz, han recibido verdaderos poderes, han probado el éxtasis.

Neem Karoli Baba  Annanda Ma  ramana-saintly.250

 

“Mi Padre y yo somos uno”. Jesús pudo hacer tal afirmación, porque había realizado un tremendo trabajo en sí mismo, y nosotros también debemos realizarlo, seguir su ejemplo. Dios vive en nosotros, y su Reino también existe en nosotros. Aquellos que se saben inseparables del Creador, ven más y más claramente como resolver sus problemas, y actúan para el bien, dondequiera que vayan. En cambio, quienes sienten que Dios está fuera de ellos, están abandonados a sus propios recursos, los que son muy limitados.

Encontramos este trabajo de identificación con la Divinidad, en la práctica hindú del Jnana Yoga, el yoga del autoconocimiento. El yogui aprende a meditar sobre la fórmula “Soy Él” – “Él”, refiriéndose al Principio Divino – y la pronuncia hasta que se vuelve carne y sangre con él. En ese punto, su ser personal, limitado, ya no existe: sólo “Él”, el Señor, existe en él, y desde ese momento, es capaz de realizar milagros.

En muchos templos indios, se puede ver el lingam, el símbolo de Shiva, representado por un pequeño bloque vertical sobre una base horizontal. Aquellos que comentan sobre el símbolo, a menudo se detienen en el bloque vertical, que representa el falo, el órgano generativo, el principio masculino. Pero también, deben considerar la base horizontal, que representa el principio femenino. El principio masculino es el espíritu, trabajando sobre principio femenino, la materia. Toda la creación es simplemente el resultado de estos dos principios trabajando juntos. Y así, tampoco deben ser considerados como cosas separadas en nuestra práctica espiritual. En India aún se pueden encontrar con hombres y mujeres con un punto rojo pintado entre sus cejas. Ahí es donde se sitúa el chakra Ajna, el centro de la clarividencia, de la visión espiritual. Pero si se concentran en este chakra, que es receptivo, femenino, también deben concentrarse en el chakra Sahasrara, ubicado en la parte superior del cráneo, que es emisivo, masculino. Cuando ambos principios se unen, se convierten en un lingam viviente.

 

lingam India

Consciente o inconscientemente, todos los hombres y mujeres buscan a su alma gemela. Lo que no saben es que, en realidad, su alma gemela no es una entidad diferente de ellos, sino el otro polo de su ser, viviendo en lo alto con Dios, en perfección y realización. En todas las antiguas iniciaciones, a los discípulos se les enseñaba cómo encontrar este otro polo de su ser – su Yo Superior.

En India, el Jnani yoga entrega métodos que permiten al yogui conseguir la unión con su Yo Superior, pues a través de esta unión es que se vuelve uno con Dios. En Grecia, tenemos la misma idea expresada en la frase tallada en el frontispicio del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. Pero no debemos olvidar el resto de la frase: “…y conocerás al universo y a los dioses.”. El verdadero conocimiento es resultado de la fusión de los dos principios, el masculino y el femenino.

Cada persona posee tanto el principio masculino como el femenino dentro de sí, y no se puede limitar a los hombres a sólo el principio masculino, o a las mujeres a sólo el principio femenino. En la filosofía taoísta china, esta idea se representa por el símbolo del yin y el yang: La parte negra, yin, que representa el principio femenino, contiene un punto blanco, y la parte blanca, yang, que representa el principio masculino, contiene un punto negro, para expresar cómo lo masculino siempre posee una parte femenina, y la femenina, una parte masculina. Hombres y mujeres no son principios abstractos, sino combinaciones vivientes de lo masculino y femenino en proporciones desiguales.

yin yang 1