Iglesia de San Juan: Lo que podemos aprender del sol (Parte 5/7)

Aunque haya ya un volumen entero de mis conferencias dedicado el sol, aún no les he dicho gran cosa. Sí, el sol… ¡si se le pudiera comprender mejor, qué descubrimientos se harían! Miren solamente este precepto de Jesús: «¡Amad a vuestros enemigos!» Es difícil de admitir. Amar a los amigos, sí, ¡pero a los propios enemigos! Raramente encontrarán, aun entre los cristianos, a alguien que haya decidido amar a sus enemigos.

El sol es un ejemplo de amor infinito

Si ni siquiera es seguro que amemos a nuestros amigos, entonces, ¿cómo vamos a amar a nuestros enemigos? Se los aseguro, analícenlo y verán, es la cosa más difícil, y nos preguntamos de dónde sacó Jesús esta ley moral… Pues bien, ¡del sol! Porque tanto si le aman como si no, el sol les envía su luz y su calor. Vean que el sol es el único que ha resuelto este problema: ama incluso a los incrédulos, a los criminales, les alimenta, les vivifica.

Sin hablar de su importancia en el universo, sólo en este campo de la moral, ¡el sol es tan grande, tan sublime! Si quieren encontrar entre los humanos un modelo de este ilimitado amor, quizás lo encontrarán, aunque con muchas dificultades, ¡incluso entre los seres más evolucionados!

El sol nos enseña a respetar las leyes del Cosmos

Naturalmente, Jesús es uno de ellos: tenía todos los poderes porque dijo: «Me han sido dados todos los poderes del cielo y de la tierra.» Pero no empleó estos poderes contra sus enemigos, y en el momento más terrible, dijo hablando de ellos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.»

Si quieren conocer la verdadera moral, la encontrarán en el sol, y sólo en el sol. Todo el mundo habla, pero lo que dicen, no llegan a cumplirlo. Mientras que el sol no dice: «Les amo… Yo amo a mis enemigos…» No, no dice nada sino que continúa amando al mundo entero.

Todas las leyes de la moral cósmica pueden descubrirse y respetarse a través del sol. Los humanos buscan los principios morales en las bibliotecas, en los libros escritos por personas apolilladas. Sin embargo, hay que ir a instruirse en el sol.

(Continúa…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov,
El Bonfin, 25 de agosto de 1965

Obras Completas, vol. 26.  Acuario, llegada de la Edad de Oro – II
Cap. 2 secc. ii, La verdadera religión de Cristo

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