Juventud de un Maestro: Mikhaël describe Dios y el éxtasis

Dios es la suma de todas las virtudes y cualidades

«¿Qué es Dios? dijo el Hermano Mikhaël. ¿Qué es la Divinidad? Dentro de un rato, ustedes también sabrán demostrar que Dios existe. Escúchenme. ¿Creen que hay en la Tierra hombres justos? En la audiencia, varios admiten que se consideran hombres justos a quienes la sociedad no ha comprendido o ayudado.
– ¿Hay en la Tierra seres inteligentes, seres bellos? sigue preguntando el Hermano Mikhaël. Esta vez todos están de acuerdo sobre la inteligencia, y, sobre todo, sobre la belleza de las mujeres o de los niños. «Ya están reconociendo, pues – continúa el Hermano Mikhaël – que la inteligencia, la justicia y la belleza existen».

«Y conocen a seres fuertes?». Ante el consenso general, continúa:
– Reconocen la existencia de la fuerza. ¿Y no creen que existen otras virtudes que deberían reconocer? ¿Existen, verdad? Ahora imaginen que todas estas cualidades cuya existencia constatan ustedes mismos son amplificadas, aumentadas, intensificadas hasta el infinito. La Divinidad es eso, justamente: el conjunto de todas las virtudes llevadas a unas dimensiones ilimitadas, infinitas. No podemos negar su realidad puesto que poseemos algunas de sus partículas. Si esta Divinidad no existiese, ¿de dónde sacaríamos las partículas de las virtudes existentes en nosotros? ¿De dónde poseemos nosotros estos atributos? Es difícil negar esta verdad. A un Dios con una barba, un libro y un lápiz para anotar los pecados de los humanos, sí, pueden negarlo. Pero las virtudes no las pueden ignorar, ni negarlas.

Prueba de que todos buscamos a Dios

Y continuó:
– Hasta quiero demostrarles que ustedes no hacen otra cosa que buscar a Dios, aunque lo ignoren.
– ¡Ah, no!, ¡eso es imposible! – dice uno.
– Sí. Cuando usted mira a una mujer, significa que le atrae la belleza y la busca. ¿Por qué?
– Porque me alegra.
– Pues bien, eso quiere decir que usted busca a Dios, bajo una forma limitada.

Dirigiéndose uno tras otro a diferentes personas, continuó:
Y usted que se ha peleado porque le atrae la fuerza, ¿acaso no cree que también la fuerza está en Dios, de alguna manera, aunque mal comprendida? Y el que quiere la dulzura, ¿acaso no corre tras de Dios? Todos nosotros no buscamos sino a Dios. Todos buscamos a la Divinidad bajo una u otra forma. Son los medios, los métodos que utilizamos para alcanzarla, para obtenerla, los que son pequeños, falsos, deformados, desplazados y demasiado bajos. Pero a todos nosotros nos atrae lo grande, lo ilimitado, lo infinito.

Mikhaël describe el éxtasis

Sabemos que, después de su primer éxtasis a los quince años, tuvo muchos más, pero una conferencia que dio el 28 de enero de 1951 fue tan vibrante que parecía describir experiencias recientes. Este domingo abrió un pequeño libro de pensamientos de Peter Deunov rogando a los seres del mundo invisible que le inspirasen el tema a desarrollar. Su mirada cayó sobre un texto relativo al éxtasis y lo comentó con una intensidad particular:

«El éxtasis es un estado maravilloso, indescriptible, hay que experimentarlo para comprenderlo… Uno es invadido por unos sentimientos de abnegación, de altruismo, de nobleza. Ama a todas las criaturas, renuncia a todos los pequeños placeres materiales, humanos. Se tiene el corazón lleno de sentimientos impersonales, desinteresados, generosos. He ahí, un poco, lo que es el éxtasis. Sólo viene después de haber admirado, adorado, contemplado durante mucho tiempo la divinidad.»

Louise-Marie Frenette,
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