¿La humanidad quiere realmente la paz?

Los seres humanos son todos actores en una comedia — o una tragedia

En el mundo invisible los seres humanos son iguales: Todos aspiran a la alegría, la felicidad y la libertad, al conocimiento y la luz, y todos experimentan el sufrimiento de la misma manera. Cuando comienzan a entender esto, comenzarán a darse cuenta que sólo en el exterior son diferentes, que sólo utilizan máscaras distintas. Son como los miembros de una compañía de teatro: Pelean y se matan los unos a los otros en el escenario, pero en la vida real son grandes amigos. Los seres humanos son todos actores en una comedia – o tragedia – pero en la vida real son hermanos y hermanas.

Aquí hay algunos extractos de la Enseñanza del Maestro respecto a la paz en el mundo:

«Mucha gente hoy en día dice que está trabajando por la paz mundial, cuando de hecho, no hacen nada por establecer la paz verdadera. ¡Es sólo palabrería! Crean todo tipo de organizaciones para trabajar por la paz, pero en lo que están realmente interesados, es en que sus nombres aparezcan en los periódicos, que les inviten a recepciones y reciban honores: La vida que llevan no hace nada para que haya mayor paz.

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Escriben artículos y libros y llaman a congresos para discutir la paz, y al mismo tiempo continúan alimentando las semillas de la guerra en su interior, porque siempre están en conflicto con una cosa o la otra. ¿Qué tipo de paz pueden traer al mundo en esas condiciones? La paz debe reinar primero en nuestro ser interno, en nuestros actos, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Sólo cuando sea así, estaremos en posición de trabajar efectivamente por la paz en el mundo.

Nunca se les ha ocurrido que deben partir por conseguir que todas las células de sus cuerpos, todas las partículas de sus seres físicos y psíquicos, vivan y cooperen juntos, de acuerdo con las leyes de la paz y la armonía, de modo que la paz por la que dicen estar trabajando, emane de ellos mismos.

Así es como la Inteligencia Cósmica ha ordenado las cosas, pero los seres humanos trabajan constantemente en oposición: Toman todo para ellos mismos y no dejan nada para sus vecinos. Bien, esto puede durar por un tiempo, pero ninguna sociedad ha sobrevivido mucho a través del egoísmo, la injusticia y la crueldad.

Muchas personas pasan su tiempo acusando a otros de fomentar la guerra. Piensan que esa es la manera en que contribuyen a la paz mundial. Algunos acusan a los ricos, otros dicen que el problema está en los banqueros o los políticos. Los creyentes acusan a quienes no poseen su misma fe o fanatismo particular. Miren alrededor y verán que todos piensan que si se pudieran deshacer de algo o de otros, la paz reinaría en el mundo.

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Y aquí es precisamente donde todos se equivocan. Incluso si la humanidad se las arreglara para deshacerse de todos sus ejércitos y todas sus armas, al mismo día siguiente las personas encontrarían medios para exterminarse el uno al otro. La paz es algo que existe en nuestro interior; es un estado interno, una actitud interna, y no se puede establecer en el mundo, sencillamente deshaciéndose de lo externo. Primero y ante todo, debemos deshacernos de las causas de la guerra en nuestro interior.

Para ser francos, la cuestión es perfectamente clara y simple: Es sólo que las personas raramente se detienen a pensar en ello. Las personas deberían preguntarse: «Si tenemos tantas desgracias y dificultades hoy, ¿podría ser porque las pedimos? Consciente o inconscientemente podríamos haberlas deseado para nosotros. Si deseáramos lo opuesto, ¿podríamos tenerlo hoy?»

— Esta es la introducción a un artículo más extenso… Lean aquí…

Omraam Mikhaël Aïvanhov,
Izvor 208, El Egregor de la Paloma y el Reino de la Paz

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