La Mujer: Está hoy en una posición de fortaleza (Parte 2/3)

El hombre ha ido demasiado lejos. En vez de ser un modelo de honestidad, de bondad, de justicia; para conservar la estima y la admiración de la mujer, ha abusado de su autoridad y de su superioridad física sobre ella, se ha otorgado todos los derechos, y a la mujer, sólo le ha impuesto deberes.

¿Cómo podía esperar que esta situación durase eternamente? En realidad, la mujer tiene, naturalmente, necesidad de admirar al hombre, de reconocer su autoridad, su fuerza. Pero, si éste no es honorable ¿como puede ella reconocerle algún tipo de superioridad?

Las mujeres son capaces, determinadas, inteligentes y valerosas

Durante siglos, la mujer sólo se ha rebelado interiormente, pero ahora, las condiciones han cambiado, el hombre se ha debilitado, ha perdido algunas posiciones estratégicas, y la mujer se ha armado, se ha apoderado de estas posiciones, y cada vez más, demuestra su capacidad y manifiesta cualidades de decisión, de inteligencia, de valor, ¿por qué, pues, debería mantener una posición subalterna? Si el hombre no reacciona, si no hace esfuerzos, si no se mejora, la mujer le dará tal lección, que se acordará de ella durante miles de años.

La mujer debe ser sabia en cómo ejercer su poder

Pero si, a su vez, la mujer sobrepasa los límites, si comete el mismo género de faltas que el hombre, quizás momentáneamente triunfe, opine sobre todo, intervenga en todo, lo gobierne todo, pero acabará por perder, también ella, las ventajas que ha adquirido.

Habrá otros cambios, los hombres se despertarán, reaccionarán, y volverán a tomar el poder. Y la misma comedia volverá a empezar… ¿Hasta cuándo? Hasta que se imponga la sabiduría en unos y en otros, y entonces, verdaderamente, se reconocerán como iguales, no iguales en las mismas regiones, sino iguales por la importancia de sus funciones respectivas.

Sus temperamentos se evidencian en la creación de un niño

Como la mujer está más próxima a la materia, es más realista, más concreta, tiene más sentido común. Mientras que el hombre, que se mueve con más facilidad en el terreno del pensamiento y de la abstracción, tiene tendencia a perderse en teorías que acaban apartándose de las realidades de la vida cotidiana. Pronuncian discursos, trazan planes, pero, a menudo, estos discursos se quedan en palabras, y los planes devienen irrealizables en la práctica. Por eso, cuando oye las elucubraciones del hombre, a menudo, la mujer se aburre o se ríe de él.

Piensen: ¿cuánto tiempo le hace falta a un hombre para participar en la creación de un hijo? Unos instantes, y después, puede no preocuparse ya de ello, olvidar que ha hecho un hijo, ¡o ni siquiera saberlo! Mientras que una mujer, ¿cómo no lo sabría, o cómo olvidaría ella que lleva o ha llevado un hijo? Y cuando ha nacido, ¿cómo no ocuparse de este ser débil y delicado?

Mientras que, a menudo, el hombre se ha ido ya a otra parte… Lo queramos o no, el papel del hombre y de la mujer en este acto tan fundamental de la perpetuación de la vida, influye en su temperamento y en la manera de considerar las cosas.

(Concluirá…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov

Izvor 237, La Balanza Cosmica – El Numero 2
Cap. 4, El hombre y la mujer.

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