La Nueva Jerusalén: La Transfiguración es posible para todos (Parte 4/7)

Mosaico, Iglesia de la Transfiguración. Monte Tabor, Baja Galilea, Israel.

Lo que es y cómo viene la nueva Jerusalén, se los estoy revelando, mis queridos hermanos y hermanas. La nueva Jerusalén tal como está descrita con sus dimensiones, sus puertas, con sus cimientos de piedras preciosas, es muy clara para nosotros. Se la puede entender de varias maneras: como una ciudad, como una forma de vivir y como el ser humano en sí mismo.

La nueva Jerusalén no puede venir antes de que hayan seres que estén construidos sobre su modelo – simbólicamente hablando – porque las doce puertas de perlas, y los cimientos de piedras preciosas representan virtudes y cualidades. Ustedes dirán: «¿Por qué doce puertas?» Porque la ciudad que es una imagen del universo es igualmente una imagen del ser humano que posee también doce puertas.

Las 12 Puertas se deben mantener abiertas

Veamos cuáles son estas puertas: los dos ojos, las dos orejas, las dos ventanas de la nariz y la boca, hacen siete, y estas siete puertas están situadas en la cabeza, lo cual no es por casualidad. Y ahora las otras cinco: los dos senos, el ombligo… y por fin dos más que les dejo encontrar a ustedes. Así pues, tenemos doce puertas, ni once, ni trece, doce.

Es extraordinario ver cómo todo tiene sentido, está calculado, es inteligente. El ser humano está construido en los talleres del Señor para mantener intercambios con el cielo, la tierra y todo el universo. Por eso sus puertas deben estar abiertas para dejar que las corrientes circulen.

La Nueva Jerusalén es el Nuevo Ser Humano

Cada detalle de la descripción de la nueva Jerusalén es simbólico. San Juan, por ejemplo, la presenta como un cuadrado, porque el cuadrado es el símbolo de algo acabado, estable y también el símbolo de la justicia – Melquisedec es Rey de justicia. – Si se desarrolla el cuadrado, se produce una cruz, y la cruz es el hombre cuando extiende sus brazos. En consecuencia, ya ven las relaciones.

La nueva Jerusalén no es una ciudad que tienen que ver descender del cielo. Ninguna ciudad descenderá de esta forma del cielo. La nueva Jerusalén «descenderá» cuando haya seres nuevos. Sí, la nueva Jerusalén son los nuevos seres humanos que han emprendido un gigantesco trabajo sobre ellos mismos.

Y este trabajo no es otra cosa que la transformación del viejo Adán en Cristo, del viejo hombre en un nuevo hombre o, presentado a la manera de los alquimistas, el paso del color rojo al color azul, ¡Es tan claro en la lengua hebraica! Adán es el hombre rojo (adom: rojo), que ha sido extraído de la tierra (adamah: tierra). Pero el hombre rojo de la tierra debe transformarse en Cristo, el azul del cielo, símbolo de la paz.

Moisés dio a Jesús la fuerza, y Elías el conocimiento

Que el cuerpo físico puede convertirse en luz, nos lo mostró Jesús en el momento de la transfiguración en el monte Tabor. Está dicho en los Evangelios que en aquel momento su rostro se volvió más brillante que el sol, sus vestidos blancos como la luz y que Elías y Moisés aparecieron hablando con él.

¿Por qué? Su presencia al lado de Jesús es extremadamente significativa. Es su espíritu el que entró en él. Moisés vino a darle la fuerza, porque Moisés era el Maestro de la fuerza. Mientras que Elías le dio la cualidad que dominaba en él: el saber.

Jesús era un ser colectivo

Las profecías de Elías, su enseñanza, han sido tan apreciadas siempre que incluso hoy circula el rumor de que no murió y de que volverá al final de los tiempos. Así pues, en el momento de la transfiguración, Elías y Moisés vinieron a instalarse en Jesús. Porque Jesús no era un solo espíritu, era un ser colectivo; todos los grandes Iniciados le habían dado algo de sí mismos porque lo necesitaba para cumplir su misión.

¿Es posible ahora esta transfiguración para todos los seres humanos? Sí, para todos. Para todos aquellos que han conseguido purificar y sublimar su cuerpo físico, es posible.

La Transfiguración es posible para todos los seres humanos

Porque no es solamente en el espíritu y en el alma donde debe nacer el Cristo, sino también en el cuerpo físico. Este es el símbolo del pesebre que os revelé el día de Navidad. Cuando un ser humano trabaja mucho tiempo, conscientemente, con la fe, la esperanza y el amor, su cuerpo físico se sublima, se purifica tanto, todas sus partículas vibran con tal intensidad, que en aquel momento la transfiguración es posible para él como fue posible para Jesús.

Y en eso consiste precisamente la nueva Jerusalén. La nueva Jerusalén, es la perfección de un Iniciado, de un Maestro en el que Cristo ha nacido. Respira, está ahí manifestándose a través de las doce puertas, por las doce aberturas.

(Continúa…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, vol. 26. Acuario: Llegada de la Edad de Oro.
Cap. 6, La Nueva Jerusalén.

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