Les traigo una nueva filosofía

Sí, mis queridos hermanos y hermanas, nosotros traemos una nueva filosofía, otra manera de pensar, de obrar, de manifestarse. Naturalmente, esto contradice un poco todo lo que los demás han enseñado en el campo de la religión, pero, ¿qué quieren? Se me ha dado esta tarea de aportar concepciones nuevas.

Hoy debemos trabajar para el mundo entero

Las antiguas concepciones eran adecuadas para cada cual separadamente, pero inútiles para la colectividad. Ahora bien, actualmente ha llegado la época en que no se debe trabajar ya solamente para sí mismo, sino para toda la tierra, para toda la humanidad. Para realizar esta nueva filosofía, es necesario subir hasta el Cielo mediante el pensamiento y hacer descender esa luz, ese amor, esa paz, esa eternidad hasta el plano físico.

Esto comienza con el trabajo en nuestros propios cuerpos físicos

Y ante todo hasta el cuerpo físico: que la vida celestial impregne el cuerpo físico e irradie a través de él… En ese momento, sí, el Reino de Dios vendrá, y cada cual será un manantial, un sol, una luz… Hay que aceptar la enseñanza de este triángulo que desciende, el triángulo del espíritu, y no seguir ya únicamente la enseñanza del triángulo de la materia.

La materia tiende hacia arriba y el espíritu tiende hacia abajo… Son los mismos procesos que repiten el hombre y la mujer cuando se unen en el amor: el hombre que mira hacia abajo y la mujer que mira hacia arriba.

El espíritu requiere fertilizar a la materia

Los humanos no hacen otra cosa que adaptarse a unos principios establecidos desde la eternidad por la Inteligencia cósmica: la materia que debe espiritualizarse y el espíritu que debe materializarse, encontrándose en el espacio para unirse, y es en ese momento cuando el espíritu fertiliza la materia.

Todo es simbólico, todo es elocuente, todo es filosófico en los actos de los humanos, pero no han comprendido nada. Hay que hacer descender el espíritu. Por eso en sus meditaciones, en sus oraciones, deben pedir e imaginar que esa luz, ese espíritu, ese poder divino, descienden hasta ustedes mismos para impregnar todas sus células.

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, vol. 26, Acuario: Llegada de la Edad de Oro, I

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