Los objetos: Invitar a entidades espiritual a habitar nuestras posesiones (1/3)

Todo en la naturaleza está animado y vivo. Sí, hay que llegar a comprender e incluso a utilizar esta gran verdad.

Tomemos una comparación en un dominio muy concreto: un automóvil que circula. Este automóvil no se desplaza sólo, alguien en el interior lo puso en marcha y lo dirige. Luego, si ven el mismo vehículo detenido en algún lado, es que el conductor salió y lo dejó allí.

Y con el cuerpo físico sucede lo mismo: nuestro cuerpo es un automóvil, un vehículo que conducimos. O bien, si lo prefieren, es una casa que puede estar vacía o habitada: el ocupante, es el alma humana que unas veces se ausenta, se desplaza para viajar, y otras regresa y retoma sus funciones.

Los objetos cotidianos pueden estar animados

Pero lo que hay que saber también, es que todos los objetos materiales «inanimados», incluso los que se utilizan todos los días: las mesas, las sillas, los vestidos, las lámparas, los aparatos… todo puede estar animado, es decir, que puede pedirse a entidades que se introduzcan y que los habiten. Es incluso posible guardar en los objetos cerrados, cofres, cajas… entidades inteligentes, buenas o malas.

Desgraciadamente, algunos se han adueñado de esos conocimientos abusando de ellos: han encadenado, aprisionado, encerrado espíritus infernales para utilizarlos con malos designios. Pero yo, si les hablo de este tema, es únicamente con un objetivo positivo, luminoso, armonioso, divino.

Verdades que impulsan fuerzas benéficas

Es verdad que existen procedimientos, métodos, fórmulas mediante los cuales se puede llegar a animar, a vivificar los objetos, las viviendas, incluso los vehículos o las máquinas. ¿Con qué fin? Para que ese objeto, ese vehículo, esa casa, actúe favorablemente sobre ustedes.

Ese es un asunto desconocido por la mayoría de los humanos. Construyen, fabrican objetos, utilizan aparatos en sus cocinas, sus talleres, sus laboratorios… Y jamás han pensado que existen ciertas leyes, ciertas verdades que pueden utilizarse para poner en marcha muchas fuerzas armoniosas, benéficas, divinas, en el sentido de una evolución luminosa. Un día todos aprenderán esta ciencia.

(Continúa…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov,
El Bonfin, 16 de Julio de 1967.

Obras Completas Vol. 32, Los Frutos del Árbol de la Vida
Cap. 23: Los objetos, receptáculos de la vida.

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