No debemos pensar en salvar sólo nuestra alma

Estudiemos ahora esta cuestión de los dos triángulos en el ámbito de la vida espiritual. En el pasado, religiones como el budismo, o incluso el cristianismo, empujaban a los humanos a alejarse del mundo físico para poder alcanzar al Señor, fusionarse con El. La tierra no era más que un valle de lágrimas, una ilusión de la que era preciso desprenderse lo más rápidamente posible para volver al Cielo, al Nirvana.

Así pues, cada cual no pensaba en otra cosa que en salvar su alma para disfrutar de todo el esplendor del Cielo. Naturalmente, esta manera de considerar las cosas no es mala, pero es imperfecta. Gracias a ella se han podido hacer numerosos descubrimientos en la vida interior, pero ya no es válida para hoy.

Debemos dejar de trabajar en exclusiva con el triángulo femenino

Al adoptar la filosofía del triángulo de la mujer se abandona la materia, así como todas las actividades y los deberes que comporta, y de ello se siguen ciertas anomalías. Por lo tanto ahora hay que trabajar con el triángulo del espíritu, que es el de la realización, de la manifestación aquí, en el mundo, en el cuerpo físico, en la materia.

No hay que buscar, por lo tanto, ascender, elevarse; por el contrario, hay que descender. Algunos «místicos» dirán: «¡Oh! ¡pero es terrible! Descendiendo vamos a perdemos. ¡En ninguna parte se dice que hay que descender! Sino que, por el contrario, hay que subir, desprenderse de la tierra.»

Como quieran, pero esta actitud no puede traer el Reino de Dios y Su Justicia sobre la tierra. Los pocos que busquen salvarse van a dejar a todos los demás sumergí dos en el desorden y la miseria, porque esta filosofía de la huida no es capaz de transformar el mundo.

Se precisa otra filosofía, y esta nueva filosofía viene con la era de Acuario: el agua que desciende, la vida que desciende de las regiones celestiales para transformar la tierra, haciendo crecer los gérmenes del Reino de Dios.

Naturalmente, el Cielo es un mundo perfecto colmado de bendiciones y de esplendor donde seremos libres y felices. Sí, pero si abandonamos siempre la tierra por el Cielo, la tierra seguirá siendo un desierto.

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, vol. 26, Acuario: Llegada de la Edad de Oro, I

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