Pascua: Un tiempo de renovación (Parte 1/3)

Cada año todo se renueva… Si, todo, ¡excepto los seres humanos! Los seres humanos no cambian, no se sintonizan con esta renovación. Sienten, desde luego, que hay algo en el aire, pero no se dejan influir. Deben aprender ahora a abrir sus puertas y sus ventanas para que esta vida pueda también penetrarles e impregnarles. Esto es lo más importante que puedo decirles esta mañana. Porque es una lástima que este renacimiento se produzca solamente en la naturaleza y que los humanos, demasiado concentrados en las viejas cosas, apenas lo noten. Debemos estar libres, disponibles, y recibir con los brazos abiertos esta nueva vida. Sin duda que inconscientemente todo el mundo se siente un poco agitado, sobre todo los jóvenes: no saben lo que les ocurre, pero sienten un impulso, una necesidad de amar.

Esta voz que se hace oír y dice a todas las semillas, a todas las simientes: «¡Vamos, despierten, crezcan ahora!» es de una potencia inaudita; pero la mayoría de los seres humanos son sordos a esta voz, y continúan paralizados, estancados. Para un Iniciado, este periodo del equinoccio de primavera es muy importante. Sabe utilizarlo para hacer todo un trabajo de purificación, de regeneración. Si, no basta con observar que los pájaros cantan, que las flores crecen y que los hombres están un poco más alegres.

Hay que hacer todo un trabajo, un trabajo de renovación. Cuando ustedes vienen por la mañana a la salida del sol sólo deben tener en la cabeza la idea de esta renovación. Dejen a un lado todos los demás temas, todo aquello que ya es viejo y caduco, y concéntrense únicamente en la nueva vida para entrar en comunicación con esta gran corriente que brota del corazón del universo.

¡Si, alégrense, la primavera está ahi, canten, bailen! Algunos dirán: «Para nosotros ya se acabó… la primavera es para la juventud». Al razonar asi se apartan de la vida. Todo el mundo debe sintonizarse con la renovación ya que en eso no hay que hacer distinción entre jóvenes y viejos.

¿Acaso han oido decir a los viejos árboles: «para nosotros ya pasó la edad de florecer, ahora dejamos eso para los jóvenes»? No, también ellos, en primavera, se cubren de flores y de hojas. Asi que, hasta las abuelitas y los abuelitos deben entrar en el corro, corretear, saltar, danzar – simbólicamente, claro – y todo les irá mejor.

¿Cómo no ver que la naturaleza entera piensa en nosotros? Cada primavera nos envía todas las energías y los estímulos que necesitamos para el resto del año, y a nosotros nos corresponde no dejarlas pasar de largo, sino aprovecharlas.

(Continúa…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Izvor 209, Navidad y Pascua en la Tradición Iniciática.
Cap. IV: «Si no mueren, no vivirán».

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