Reuniendo el Espíritu y la materia en nuestro interior

Jesús decía en el Padre Nuestro: «Venga a nosotros Tu reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el Cielo» Nunca se ha comprendido que la voluntad de Jesús era la de transformar, mejorar, embellecer y purificar la tierra para que fuese parecida al Cielo. Todos están prestos a huir, porque ello interesa a su diminuta alma, a la que quieren salvar.

Ahora no es preciso ya querer salvarse, sino solamente comprometerse en un trabajo glorioso para lograr que descienda el Cielo a la tierra. Ustedes dirán: «Pero, ¿cómo? ¡Eso no se puede hacer!» Sí, el triángulo del espíritu nos muestra cómo trabajar en este sentido. El discípulo debe buscar el Cielo, entiéndanlo, pero una vez alcanzado, hace descender esa luz que está en el Cielo, ese amor que está en el Cielo, ese poder que está en el Cielo, esa pureza que está en el Cielo, y los introduce en su cuerpo físico, su cerebro, sus pulmones, su estómago… Es así como después de varios años de esfuerzo, logra reunir en él al espíritu y a la materia, y realiza plenamente este símbolo del sello de Salomón.

Debemos estar unidos al Cielo, pero trabajar en la tierra

Actualmente vemos cómo se manifiestan las tendencias extremas: países que están muy avanzados en el campo técnico, económico, social, que hacen todo lo posible para mejorar su situación aquí, en la tierra, pero que han suprimido la religión; mientras que otros países como la India – evidentemente ahora esto ha cambiado un poco – poseen tal tradición de espiritualidad, que desprecian casi completamente la vida material, y millones y millones de personas viven en la suciedad, la miseria y la enfermedad. Naturalmente, no doy la razón ni a unos ni a otros, porque se necesitan ambas cosas: estar siempre ligado al Cielo, pero trabajando en la tierra.

Es en la tierra donde nos necesitan

Entonces, esta es la nueva religión que viene: poder aportar algo divino, aquí, en la tierra.  Ustedes dirán: «Pero, para el Cielo, queremos trabajar para el Cielo…» ¡El Cielo no necesita de ustedes, está tan lleno, es tan rico! ¿Qué podrían añadirle?

Aquí en la tierra es donde se necesita de ustedes. Entonces, es mejor cambiar un poco de táctica. Pero esto no significa volver la espalda al Cielo, no, sino por el contrario permanecer atado a él para poder enseguida dar a los demás. Porque si no están ligados al Cielo, no son ricos, en cuyo caso, ¿qué pueden repartir a los demás?

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, vol. 26, Acuario: Llegada de la Edad de Oro, I

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