Una religión universal: El Sello de Salomón (Parte 2/7)

– Los dos triángulos simbolizan los principios masculino y femenino, espíritu y materia

En el pasado, religiones como el hinduismo, el budismo e incluso el cristianismo, impulsaban a los seres humanos a desprenderse del mundo físico, y buscar acercarse a Dios y volverse uno con él. La tierra no era nada sino un «valle de lágrimas», y la vida una ilusión de la que se aconsejaba a las personas que se desprendieran lo más rápido posible, para volver al cielo o al nirvana. A cada individuo se le impulsaba a pensar sólo en salvar su alma, de modo que disfrutara de los esplendores del cielo. Ahora, no estoy diciendo que este punto de vista sea malo, pero es imperfecto. Es un punto de vista que ha permitido al ser humano descubrir mucho sobre la vida interior, pero que ya no es apropiado a nuestros tiempos.

Ahora haré una digresión por un momento, para explicar los dos triángulos que han visto en el salón de conferencias del Bonfin: El rojo con la punta hacia arriba, y el azul con la punta hacia abajo. A menudo les he hablado sobre el simbolismo de estos dos triángulos.

Estos dos triángulos simbolizan los principios masculino y femenino, espíritu y materia. Pues eso es lo que el universo es: espíritu y materia, el trabajo del espíritu y la materia. O – para los materialistas que no les agrada que hablemos sobre el espíritu – energía y materia. Pues el espíritu es energía. El único problema es que al hablar de «energía» en vez de «espíritu», no atribuimos a la energía todas las otras propiedades del espíritu: inteligencia, conciencia, y amor.

La energía es una fuerza que es ciega y carente de conciencia. Pero no importa como la vean, uno no puede negar que el universo se mantiene unido por estas dos realidades: espíritu y materia, energía y materia – los principios masculino y femenino. El triángulo apuntando hacia abajo representa el espíritu que desciende a la materia, a fin de animarla y darle vida, y el triángulo apuntando hacia arriba, representa la materia evolucionando hacia su reunión con el espíritu. Cuando ambos triángulos se combinan, forman el Sello de Salomón.

Ahora veamos los dos triángulos en el sello de Salomón, y lo que significan en la vida espiritual. El triángulo femenino apunta hacia arriba, al cielo, y adoptar esta filosofía es rechazar la materia y todas las actividades y deberes asociados a ella, y esto lleva a ciertas anomalías. El triángulo masculino apunta hacia abajo, y hoy debemos trabajar con él. Es el triángulo del espíritu, el triángulo de la realización, de la manifestación en el mundo, en nuestros cuerpos físicos, en la materia. No debemos ya concentrarnos en elevarnos sobre el mundo: al contrario, necesitamos descender.

Estoy seguro que habrá unos cuantos «místicos» que objetarán con horror, «¡Pero esto es terrible! ¡Es el camino de la perdición! ¡La religión nunca nos enseñó a descender, al contrario, debemos elevarnos y levantarnos más allá del mundo!». Bien, hagan como deseen, pero con tal actitud nunca traerán el Reino de Dios y Su Justicia sobre la tierra. Los pocos que buscan salvar sus propias almas, sencillamente abandonarán al resto de la humanidad hundiéndose en el desorden y la miseria, porque esa filosofía de vuelo es incapaz de transformar al mundo.

Aquarian waters

Necesitamos otra filosofía hoy, la nueva filosofía que está viniendo con la era de Acuario. Esta nueva filosofía es agua desde lo alto, una fuente de vida fluyendo desde las regiones celestiales, y transformará la tierra y causara que las semillas del Reino de Dios germinen con nueva vida. El cielo, por supuesto, es un mundo perfecto, un mundo de bendiciones y esplendor, en el que podemos encontrar libertad y felicidad, pero si todos abandonan la tierra para ir al cielo, la tierra aún seguirá siendo un lugar salvaje.

Algunas personas desean huir del mundo, porque esto se acomoda a esas almas tímidas que están tan ansiosas de salvarse a sí mismas. Pero hoy, en vez de intentar salvar nuestras almas, debemos entregarnos con todo el corazón al glorioso trabajo de traer el cielo a la tierra. Ustedes protestarán, «¿Pero cómo vamos a hacer eso? ¡Es imposible!». En absoluto, el triángulo del espíritu nos muestra cómo hacerlo. Un discípulo debe aún buscar el cielo, es cierto, pero una vez que lo ha encontrado, debe traer a la tierra toda la luz del cielo, todo el amor, todo el poder, y toda la pureza del cielo, e introducirlas dentro de su propio cuerpo físico, de su cerebro, sus pulmones, su estómago, su ser completo. De esta forma, tras años de lucha, unirán al espíritu y la materia nuevamente en su propio interior, y alcanzarán la totalidad de la perfección simbolizada por el Sello de Salomón.

 

(Continuará…)

Omraam Mikhael Aivanhov
Obras Completas, Vol. 26, Acuario: Llegada de la Edad de Oro, Cap. 2

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