Volviéndose un Iniciado: En el nuevo Milenio (Final, 7/7)

– Una Escuela Iniciática en el nuevo milenio

El objetivo de la iniciación es, primero, despertar la conciencia de los discípulos a la existencia de un mundo superior, segundo, hacer que sus cuerpos físicos sean un lugar adecuado para que que habite la Divinidad. Esto es lo que estamos haciendo aquí, en esta escuela divina: estamos abriendo nuestra conciencia al mundo divino, y construyendo nuestro templo interior con los materiales más puros, de forma que el Espíritu Santo pueda venir a nosotros y habitar dentro de nosotros. Ya les he hablado antes sobre el templo interior, sobre el cuerpo de gloria, y les expliqué como reunir las partículas celestiales que necesitan a fin de construirlo.

Muchas personas buscan la espiritualidad hoy, sin la menor conciencia de que nunca han ganado una sola victoria sobre sí mismos. No saben lo que es la iniciación. Aún son víctimas de su propia naturaleza inferior: siempre en rebelión contra algo, siempre sintiéndose tristes por sí mismas y lamentando su destino, siempre demandando algo de los demás. Cada dificultad, cada humillación, cada pérdida, no importa lo ligera, les derrumba completamente. ¿Es eso iniciación?

En nuestros días, las pruebas de iniciación ya no toman lugar en un templo, sino en las circunstancias cotidianas de la vida. Es en nuestra vida diaria que somos probados por los cuatro elementos. Cuando los seres humanos fueron expulsados del paraíso, perdieron su poder sobre los elementos, y ahora deben aprender a controlar sus cuerpos físicos (tierra), sus sentimientos (agua), sus pensamientos (aire), y sus energías sexuales (fuego). ¿Pero pueden esperar que las personas escuchen a alguien que hable sobre controlar las energias sexuales, en un momento en que todas las reglas están siendo pasadas a llevar?

4 Angels

Los jóvenes y adultos están dedicados al desperdicio inconsciente de esta energía, esta quintaesencia, esta forma condensada del fuego sagrado, y al hacerlo están permitiendo que la enfermedad y la muerte avancen un paso en ellos. Cuando tenía dieciséis años, me encontré con un pequeño libro de Paracelso, en el que decía que la pérdida del semen de un hombre, era pérdida de vida. Esta reflexión tuvo un efecto decisivo en mí: pensé mucho sobre ello, y luego me permitió, más tarde, conseguir muchas cosas.

Déjenme contarles una pequeña historia. Había una vez un monje que carecía tanto de inteligencia, que se le podía confiar sólo los trabajos más pequeños en su monasterio. Pasaba sus días barriendo, lavando los platos, vaciando los basureros.

A pesar de su limitado poder intelectual, sin embargo, él había entendido una verdad (sólo una, pero nunca la perdió de vista). Cuando lavaba los platos, decía: «Señor, mientras lavo este plato, que mi corazón sea lavado». Cuando limpiaba el piso: «Señor, mientras estoy limpiando esta celda…» y así sucesivamente. Tras muchos años de trabajo perseverante, su pureza era tal, que se volvió clarividente y tan sabio, que incluso los cardenales iban al monasterio a pedir su consejo.

¡Sí! ¡Sólo una verdad! ¿Y qué hay de ustedes, mis queridos hermanos y hermanas? Ustedes, que conocen muchas verdades, ¿qué están esperando? ¿Por qué no hacen nada? ¿Por qué todo permanece teórico? Elijan unas pocas verdades y trabajen con ellas noche y día, y verán los resultados.

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, Vol. 30. Vida y Trabajo en la Escuela Divina.
Capítulo 8, El significado de la Iniciación.

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