Volviéndose un Iniciado: La gran pirámide de Giza. (Parte 2/7)

– Una ceremonia al interior de la gran pirámide.

Aquellos que, empujados por un ardiente deseo hacia la verdad, querían desafiar las pruebas de la iniciación, debían dirigir su solicitud al sacerdote de uno de los grandes santuarios y, si se les juzgaba dignos, eran llevados a la gran pirámide en Giza. En el nivel numero 16 de la pirámide, había una apertura de un metro en el muro, a través de la que el neófito y su guía ingresaban.

Una vez en el interior, se encontraban en un largo y estrecho pasaje, iluminado sólo por una pequeña lámpara. Avanzando por este pasaje oscuro y húmedo, encontraban que éste terminaba en un profundo pozo, desde el que se elevaba una espesa nube de humo. A la luz de la lámpara, apenas podían ver la escalera que llevaba hacia abajo, en una pared del pozo. El pupilo seguía al sacerdote por la escalera, y luego a otro corredor, el cual, tras muchos giros y cambios, les llevaba a una puerta cerrada, hecha de dos grandes paneles de bronce.

 

pyramid 5

En este punto el sacerdote giraba hacia el neófito, diciendo: “No se me permite seguir más allá contigo. Desde ahora, estarás solo. Pero antes de que te deje, debes hacer tu testamento, y decirme tus últimos deseos, pues el camino que está adelante es muy difícil, y corres el riesgo de morir o de perder la cordura.”.

Una vez que el sacerdote se iba, los dos paneles de la gran puerta se abrían silenciosamente. El neófito entraba, y se cerraban tras él con un estruendo atemorizante, que avisaba a los sacerdotes en el santuario que estaba más lejos, de la llegada de un audaz – o debería decir temerario – candidato en búsqueda de la verdad. Por el momento, sin embargo, aún estaba solo. Al seguir avanzando aún por otro corredor, pasaba por huecos en las paredes a ambos lados, desde donde surgían rostros torcidos en gestos horribles, que parecían más horrorosos y hostiles debido a la luz vacilante de la lámpara.

 

Aunque los rostros pertenecían a estatuas inertes, al neófito le parecía que eran las almas de los muertos que venían a evitar que pasara, y debía superar su terror y continuar su camino, hasta que alcanzaba aún otra puerta. Guardando esta puerta había tres hombres armados con espadas y utilizando cascos con la forma de la cabeza de un chacal.

Uno de los hombres avanzaba amenazadoramente hacia él, diciendo: “Si tienes el coraje de seguir, puedes hacerlo. En este momento, aún eres libre de devolverte, pero una vez que cruces estas puertas, estarás obligado a seguir. Si fracasas en tu intento, nunca más se te permitirá dejar el templo. Pasarás el resto de tus días aquí, como esclavo. Día y noche estamos aquí para guardar esta puerta.”

pyramid 7

Si el candidato decidía continuar, los guardias se hacían a un lado y le dejaban pasar.  Ingresaba a una gran cámara, iluminada sólo por las llamas de un inmenso fuego que debía cruzar. Las llamas eran alimentadas por ramas de ciertos arbustos que son nativos de Egipto – la Acacia Nilótica, Goma Arábiga y el Tamarindo. Aunque a primera vista, parecía que hubiera un solo gran fuego, si el neófito tenía el coraje de acercarse, vería que se trataba de una ilusión óptica. En realidad, había dos fogatas más pequeñas, con un estrecho pasaje entre ambas, a través del cual podía deslizarse rápidamente…

(Continuará…)

 

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, Vol. 30. Vida y Trabajo en la Escuela Divina.
Capítulo 8, El significado de la Iniciación.

Leave A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.