El progreso técnico, los aparatos, la abundancia material están ahí, ¿cómo es posible, pues, que los seres humanos estén más enfermos, más descontentos, más indignados, a pesar de la existencia de todas estas maravillas?

Ser el mejor en un área no asegura el triunfo en otra área

Hay algo, pues, que no está a punto. Sí, porque han tomado un camino solamente, y han olvidado el otro. Claro que siempre se obtienen grandes resultados en el dominio en el que se ha trabajado. Si se entrenan en el boxeo derriban a la gente, pero no les superan en el dominio de la ciencia y de la filosofía.

Mientras que alguien que se pasa la vida reflexionando, gana quizá a todos los sabios, ¡pero hasta un niño puede derribarlo! Tener ventaja en un dominio no quiere decir que la tengan también en todos los demás.

Moisés, un gran Iniciado, nos dio algunos consejos

Ya les expliqué que toda la filosofía del espíritu y de la materia está resumida idealmente en esta frase del Génesis, en la que Moisés dice: “Al principio Dios creo el Cielo y la Tierra”. El Cielo es el alma, el espíritu, el esplendor de las virtudes y de las cualidades. La Tierra es el cuerpo físico, el mundo material, los negocios.

La Tierra es necesaria, puesto que fue creada. Pero Moisés, que era un gran Iniciado, puso en primer lugar el Cielo, y después la Tierra. Mientras que para la mayoría de los humanos ponen la Tierra antes que el Cielo.

Demasiados sólo piensan en el Cielo cuando están aburridos

Incluso, para algunos, ni siquiera hay Cielo, sino solamente Tierra. Por eso nada anda bien: porque han dado prioridad a la Tierra. Y veo incluso que los hermanos y hermanas de la Fraternidad consagran las nueve décimas partes de su actividad a la Tierra, y raramente, de vez en cuando, se ocupan del Cielo, del espíritu.

En vez de poner en primer lugar al Cielo y ocuparse después de sus negocios, no, empiezan por los negocios y, cuando se aburren y no saben en qué ocuparse, piensan un poco en el Cielo.

Ya se los expliqué: hay que dar tres cuartas partes al Cielo y una cuarta parte a la Tierra. Quienes son capaces de vivir de esta manera sentirán que viven en un equilibrio verdaderamente extraordinario. Se los digo, es inútil que vayan a buscar la razón del equilibrio o del desequilibrio en el sistema nervioso, circulatorio, digestivo o muscular. El origen del equilibrio y del desequilibrio, radica en la forma que tiene el ser humano de relacionarse interiormente con el espíritu y la materia.

(Concluirá…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov,
Sèvres, Febrero 19, 1970

Obras Completas, vol. 17. Jnani Yoga I: Conócete a ti mismo.
Cap. 3, Espíritu y Materia