Espíritu y materia: Nuestro cuerpo físico restringe nuestro espíritu (Parte 1/5)

Edgar Cayce

El espíritu del ser humano es omnisciente. todopoderoso, y participa en todo lo que sucede en el universo. Pero como sus órganos físicos, todavía no están perfeccionados para transmitir estas impresiones a su consciencia, el ser humano mismo no sabe nada de ello, no siente nada.

Se debe fortalecer el cuerpo físico, no el espíritu

Entonces ustedes dirán, “¿qué debemos nacer’? ¿reforzar el espíritu? ¿iluminarlo?, ¿educarlo?”. No, es del cuerpo físico del que debemos ocuparnos para reforzarlo, purificarlo, espiritualizarlo, divinizarlo.
Los alquimistas tenían razón de ocuparse solamente de la materia para transformarla.
Nosotros también debemos trabajar en este sentido, debemos velar para dar a nuestro cuerpo físico un alimento y unas bebidas puras, aire puro, rayos de Sol e incluso las formas, los colores, los sonidos, la música, los perfumes más bellos que existan.

El espíritu es indestructible, una chispa de Dios

El espíritu en cambio no necesita nada de todo eso, está por todas partes omnisciente, omnipresente, como Dios. Es de nuestra materia de la que debemos ocuparnos para transformarla, nuestro espíritu tendrá asi cada vez más posibilidades para manifestarse en todo su esplendor.

He ahí otra cuestión que no se ha comprendido demasiado bien, ni siquiera por los espiritualistas. Creen que es el espíritu el que hay que purificar, ennoblecer, y que al contrario, hay que descuidar el cuerpo físico, despreciarlo incluso. Como el espíritu se manifiesta a través del cuerpo de una manera imperfecta, creen que el espíritu es imperfecto y que debe ser desarrollado, reforzado, purificado.
No, el espíritu está hecho de una materia sutil, luminosa, indestructible. Es eterno, una chispa salida de Dios, y no tiene necesidad de ser instruido. Esto lo comprendernos con el fenómeno de la clarividencia.

El espíritu está aprisionado por nuestro cuerpo físico

Tomemos por ejemplo el caso del clarividente americano Edgar Cayce. Era un hombre sencillo, casi sin instrucción. Pero cuando se encontraba bajo hipnosis daba pruebas de una inmensa ciencia en todas las materias, medicina, historia. Veía también las reencarnaciones de la gente, los crímenes que habían cometido, las razones por las que se encontraban en tal o cual estado. Pero cuando volvía en sí ya no se acordaba de nada. Lo que prueba que cuando su espíritu tiene la posibilidad de escapar de las limitaciones del cuerpo en el que está encerrado, el ser humano se vuelve omnisciente.

(Continúa…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov,
El Bonfin, 19 de julio de 1975

Obras Completas, vol. 17. Jnani Yoga Volumen 1 – Conócete a ti mismo.
Cap. 3, El espíritu y la materia

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