Una carta del Maestro Peter Deunov (Parte 6/7)

«La palabra “teocéntrico» no significa que todo converja únicamente hacia Dios, sino que cada manifestación del ser sobrepasa la personalidad Y la actividad de las abejas sobrepasa la personalidad, puesto que preparan la miel para los hombres. No lo hacen “para Dios», pero ya no es únicamente para ellas. Este acto es impersonal y entra, pues, en el sistema teocéntrico.

Algunos objetarán que las abejas preparan la miel para sí mismas y que los humanos se la roban. De acuerdo, pero, en realidad, la naturaleza les incita también a preparar la miel para los seres humanos, lo mismo que impulsa a los árboles a preparar sus frutos para alimentar a otras criaturas.

El término «teocéntrico» no significa obligatoriamente que tiene a Dios como centro y puede aplicarse también a todo acto verdaderamente desinteresado. Existen personas que, sin ser religiosas, sin ni siquiera creer en la existencia de Dios, tienen una conducta más noble y más desinteresada que ciertos religiosos que sólo piensan en Dios Le rezan, pero siguen sumergidos en su egoísmo y en sus cálculos mezquinos. Lo que cuenta son los móviles y los motivos profundamente escondidos en los seres, son estos móviles los que les clasifican en un sistema o en otro.

Según su grado de evolución, el ser humano puede girar en torno a si mismo, en torno a su familia y a la sociedad, o en torno a Dios. Girar alrededor de sí mismo es la peor condición, porque el circulo que se describe de esta manera es extremadamente estrecho y se reduce cada día más. Girar en torno a su familia o a la sociedad todavía no representa las mejores condiciones de desarrollo, aunque el círculo que se describe asi ya sea mucho más grande.

Las mejores condiciones son realizadas cuando giramos en torno a Dios, porque, poco a poco, se desatan nuestras ataduras con la Tierra y nos sentimos dispuestos para lanzarnos a volar hacia el espacio, a viajar por el universo. Los grandes Iniciados pueden abandonar libremente su cuerpo porque viven en el sistema teocéntrico. Su movimiento interior es tan intenso que nada puede obstaculizar su impulso o impedirles actuar.

Existen, pues, varias clases de amor y cada una de ellas se caracteriza por la extensión de su campo de acción. Podemos asi distinguir el amor a uno mismo, el amor a la familia, el amor al país, el amor a la raza, el amor a la humanidad y el amor al Creador.

En cada una de estas formas de amor el circulo se agranda, el campo de acción no cesa de extenderse. En el sistema egocéntrico sólo hay un camino, una dirección: descendemos hasta el centro de la Tierra. El sistema biocéntrico presenta dos posibilidades: la izquierda o la derecha, abajo o arriba, adelante o atrás. Pero en el sistema teocéntrico encontramos numerosos caminos, unas posibilidades ilimitadas de elección: es la libertad total.»

Omraam Mikhaël Aïvanhov

(Concluirá…)

Y ahora, para terminar, quisiera leerles algunos pasajes del libro: «Las palabras sagradas del Maestro».

Mientras la pequeña rama que el viento agite permanezca bien fijada al árbol, no hay ningún peligro para ella. El peligro aparece en cuanto se desprende de él. Cuando el discípulo vive en Dios, es como la pequeña rama que está bien sujeta al árbol.

Toda forma transitoria es un cuadro inacabado sobre el que trabaja el espíritu divino El discípulo se esfuerza en ver sólo el bien en todas partes y en cada uno.

El nacimiento es un proceso ininterrumpido. Es necesario que el discípulo nazca cada día a un mundo nuevo, es decir, que adquiera cada día una nueva concepción sobre el amor, un mayor conocimiento del servicio de Dios, una visión más profunda de sus vías impenetrables. El espíritu de Dios visita cada día al discípulo y le dice una nueva palabra. Ésta hace entrar la pureza en su conciencia y la transforma enteramente. Eleva su pensamiento. ¡Espera cada día la visita de Dios!

El alma del discípulo es libre cuando se despierta para Dios. Y el discípulo no debe limitarla con los caprichos del cuerpo La ley del karma limita al hombre, pero, en cuanto éste empieza a vivir para Dios, entra en la gracia, en el amor. Y. allí, ya es libre.

En la naturaleza, todas las formas son símbolos de un mundo ideal eterno Son el libro en el que el discípulo lee lo que Dios ha escrito. El discípulo empieza su instrucción estudiando la naturaleza las fuentes, las hierbas, las flores, las montañas. Allí es donde busca los justos métodos de vida y de pureza.

El discípulo se rodea siempre de una muralla de luz con el pensamiento. Debe conservar su aura impenetrable a las malas influencias de todo lo que es transitorio Al pensar en Dios, alimenta su aura con luz divina.

El discípulo debe beber solamente del manantial. Debe preferir sufrir sed antes que beber agua impura.

Aquello que piensas, lo recibes en ti. Piensa a menudo en la verdad, en el amor, en la sabiduría, en la equidad y en la virtud. Y éstos establecerán en ti su morada. El agua que viene de las profundidades es pura.

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