Espíritu y materia: El cuerpo físico puede hacer cosas sorprendentes (Parte 3/5)

Ustedes me dirán, claro, que actualmente los humanos han comprendido la importancia del cuerpo físico. SI, pero no en el sentido en que hubieran debido comprenderlo: se ocupan del cuerpo físico para darle alimento, confort, placeres sexuales,, para hacerlo seductor, atractivo, y no para hacer de él un instrumento del espíritu y transmitir a través de él toda la sabiduría celestial.

En su segunda epístola a los Corintios, San Pablo dice «Soy el templo de Dios vivo». ¿Es el espíritu o bien el cuerpo el que es el templo de Dios? El espíritu no puede ser el templo porque es inmaterial; el espíritu es el oficiante, el que hace la ceremonia; El templo es el cuerpo físico. Está claro, pero los cristianos no han comprendido nada. ¡Cuántas cosas se dicen en los Evangelios cuyo sentido debe ser aclarado todavía!

El espíritu es hijo de Dios, un principio inmortal. ¿Qué podemos añadirle más? Pero el cuerpo físico, ¡ahí está nuestro trabajo! Nuestras dificultades, nuestros problemas, nuestros sufrimientos, son del cuerpo físico. Hay que volverlo tan puro, tan invulnerable, tan inaccesible al mal y a las enfermedades, tan vivo y tan sutil, que se convierta verdaderamente en el portavoz del espíritu, en un medio de expresión para todo el Cielo, para que todas las maravillas del universo puedan manifestarse a través de él.

De momento, claro, el cuerpo físico no es un templo, sino una taberna en la que todo el Infierno está invitado para venir a deleitarse. Se sirven de él para hacer las cosas más abominables, piensan que está ahí para eso. No saben de lo que es capaz, en realidad es capaz de curar, es capaz de proyectar luces, perfumes, de desplazarse por el espacio.

Verán un día, las maravillas que harán con el cuerpo físico. Para el espíritu es muy fácil; cuando abandona el cuerpo, que es espeso y pesado, puede ir por todas partes, nada le retiene, va hasta las estrellas, penetra los océanos… Pero el cuerpo todavía no está preparado para hacer cosas así.

Lo que aquí les digo es muy importante. La historia de la humanidad muestra que muy raramente los humanos han sabido qué lugar debían dar respectivamente al espíritu y al cuerpo. Para algunos sólo cuenta el espíritu, y el cuerpo está tan descuidado que languidece.

Pero, si el cuerpo fuese tan despreciable y sólo contase el espíritu, no deberíamos descender a la Tierra, tendríamos que quedarnos arriba, allí donde está el espíritu. Si hemos descendido a encarnarnos en la Tierra es que hay todo un trabajo que hacer en ella.

(Continúa…)

Omraam Mikhaël Aïvanhov,
El Bonfin, 19 de julio de 1975

Obras Completas, vol. 17. Jnani Yoga Volumen 1 – Conócete a ti mismo.
Cap. 3, El espíritu y la materia

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