Juventud de un Maestro: Orígenes del Bonfin

Caravana del Hermano Mikhaël

En la Costa Azul, tierra adentro, cerca de la ciudad de Fréjus, el hermano Jean, un discípulo de la Fraternidad, poseía un pequeño terreno llamado El Bonfin. Aparte de algunos pinos, una gran encina secular, escasas higueras y unas viejas viñas, no había en él más que malezas y tierra pizarrosa y, en medio, una vieja casa en ruinas. El Bonfin hoy.

Con la esperanza de donar algún día a la fraternidad su pequeño trozo de tierra, Jean había decidido, en ausencia del Hermano Mikhaël, hacer algunas labores en ella ayudado por algunas personas. Cuando el Hermano Mikhaël vio el lugar en 1947, le gustó particularmente una gran colina rocosa situada al este del terreno, desde donde podía verse la salida del sol, y que luego fue llamada «la Roca de la Oración».

Tiendas arrastradas por el Mistral

Se hicieron trabajos de construcción y de acondicionamiento, pero durante años el lugar siguió siendo muy árido. Había que cavar duro, en una tierra ingrata, para levantar algunas de las instalaciones provisionales. En este país que sufre regularmente los asaltos del mistral, debían apuntalar sólidamente las tiendas y ios refugios; pero a pesar de estas precauciones, las ráfagas violentas podían con todo.

El Hermano Mikhaël vivía en una minúscula caravana que Jean había construido para él con viejos materiales que recogió a lo largo de los años. Cuando soplaba el mistral, esta vivienda precaria parecía que iba a volar.

The Bonfin

El Bonfin – Click para agrandar

Luego vinieron cocinas, dormitorios y baños

Para la mayoría de las instalaciones utilizaban grandes cañas, llamadas cañizos, que la naturaleza ofrecía en abundancia. Con ellas hacían tejados, abrigos para sanitarios, y dormitorios.

Con los años,la duración de los congresos fue pasando gradualmente dedos semanas a tres meses. Los miembros de la fraternidad venían de todas las ciudades de Francia y de Suiza para estancias más o menos largas, y las idas y venidas eran constantes.

Por su parte, el Hermano Mikhaël se contentaba siempre con muy poco. Primero vivió en la pequeña caravana construida por Jean, y después en una cabaña de dos metros por tres. Sólo pasados algunos años desde el comienzo de los congresos pudieron por fin ofrecerle uno de los tres modestos chalets, construidos con los materiales de un gran barracón que compraron a bajo precio, en el que vivió durante años. Cuando hablaba del trabajo espiritual que uno puede realizar en un espacio reducido, hablaba por experiencia propia.

Haciendo crecer la fruta y los vegetales

Los trabajos de acondicionamiento prosiguieron durante varios años. Hubo que llevar cargamentos enormes de buena tierra para poder llevar a cabo ciertos proyectos, a fin de cuentas bastante modestos. Se cultivaron verduras para alimentar a los congresistas, se plantaron viñas. El Hermano Mikhaël visitaba regularmente los diferentes lugares de trabajo y participaba en las tareas.

Nada se escapaba a su mirada atenta, ningún trabajo duro era demasiado ingrato para él; al atardecer estaba relajado, se paseaba entre tas tiendas y hablaba con los campistas. Y constantemente, en medio de todas estas arduas tareas, pedía a todos que cuidasen la estética de los lugares: «La belleza que creamos a nuestro alrededor se refleja en el alma».»

Louise-Marie Frenette,
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2017-07-19T22:57:17+01:00julio 26th, 2017|Acceso a todo, Omraam Mikhaël Aïvanhov|0 Comments

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