Mikhaël y la mente del Buda (Parte 5/5, Final)

Años más tarde, Mikhaël a menudo habló de haber sido profundamente influido no sólo por Jesús, sino también por el Buda, las dos grandes luminarias de su juventud. Debió haberse esforzado por entrar a la mente del Buda, tal como lo hizo con Jesús, dado que diría más tarde que tuvo éxito en comunicarse con el Buda a la edad de veintidós o veintitrés. En la soledad de su pequeña habitación, ansioso por alcanzar cada fuente que hablaba de Dios y de la perfección del universo creado, estudió un amplio rango de filosofías espirituales. Ya estaba familiarizado con la Cábala, cuya definición de la estructura de los mundos sutiles le satisfacía profundamente.

seal solomonEncontró gran inspiración en el Árbol de la Vida, con su descripción de los distintos niveles de la creación, y el Sello de Salomón con su representación simbólica del Bien y el Mal. Este impresionante símbolo, compuesto de dos triángulos entrelazados, contiene una representación de la gloriosa manifestación de Dios en la parte superior del triángulo que apunta hacia arriba. En el triángulo que apunta hacia abajo, hay una representación del diablo, un reflejo distorsionado del rostro divino. En la intersección de los dos triángulos, una línea horizontal separa el aire arriba de las aguas abajo, y a través de esta línea, las manos de Dios aferran con firmeza las manos del Diablo.

 

A los ojos de Mikhaël, esta representación del bien y el mal era una expresión excelente e inequívoca de que toda creación es un reflejo de Dios, que hace uso tanto de las fuerzas positivas como de las negativas. Para alguien en quien el espíritu del misticismo estaba bien desarrollado, cada descubrimiento filosófico parecía llevar directamente a una experiencia espiritual; es un «evento» que desencadena un cambio interior, no importa lo pequeño que sea.

Un día, leyendo el Zohar, el libro principal de la Cábala, Mikhaël fue conmovido extraordinariamente por el siguiente texto: «Hay siete luces en lo altísimo, y en su interior habita el Anciano de Ancianos, el Más Oculto de lo Oculto, el Misterio de los Misterios, Ain Soph.». Al respecto, dijo: «Cuando recité esas palabras, todo en mi interior comenzó a vibrar y agitarse. Esas siete luces son los siete colores, y cada uno corresponde a una virtud o cualidad particular: púrpura corresponde al sacrificio, azul a la verdad, verde a la esperanza, amarillo a la sabiduría, anaranjado a la santidad y rojo al amor.».

Louise-Marie Frenette,
Extracto de The Life of a Master in the West  (Amazon, click en ‘look inside’)
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